Un territorio
Dos preguntas simples abren un territorio personal y sugieren una forma posible de empezar la noche.
Humano arma las condiciones para que la conversación aparezca sola. No hay que hacer nada especial: la noche está pensada para eso.
Dos preguntas simples abren un territorio personal y sugieren una forma posible de empezar la noche.
Una canción ligada a un recuerdo llega a la mesa. Después, si quieren, aparece la historia detrás de esa elección.
El territorio se nombra y la música vuelve a acompañar. La sobremesa puede seguir en el living, entre vinilos.

Nadie lo pide ni lo guarda. Simplemente pasa: cuando la charla arranca, el teléfono deja de tener lugar en la mesa.
No es una regla de la casa. Es lo que suele suceder cuando hay algo mejor que mirar.

Música, libros y vinilos funcionan como puentes
entre personas que se conocen, o que todavía no.
El espacio sensible también es parte de la conversación: lo que suena y lo que se ve trabajan a favor de lo que pasa en la mesa.
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Cerrado los lunes.